Así que hui con mis gemelos, novela · Capítulo 10 de 12
Capítulo 10: Dos latidos
Los gemelos nacieron a principios de marzo, durante una noche de tormenta.
Empecé a sentir los dolores a las diez de la noche, con el viento sacudiendo la palma del techo y la lluvia golpeando la laguna como granizo.
A las once ya no podía hablar entre contracción y contracción.
Everardo me levantó de la cama con un brazo bajo las rodillas y otro bajo la espalda.
"Al centro de salud", dijo. "Ahora."
"No hay lancha."
"Cruzamos a pie por la barra."
"Con este mar..."
"Con este mar o sin él."
La vecina apareció en la puerta con un farol y una manta, y diez pescadores detrás.
Hicieron una camilla con dos remos y un toldo.
Me llevaron entre todos por la arena mojada, bajo un cielo negro surcado de relámpagos, entre gritos y bromas para que no me asustara.
Llegamos al centro de salud empapados, con barro hasta las rodillas.
Era un cuarto de tres camas, con un ventilador viejo y un quirófano chico, limpio y blanco, que Everardo había arreglado con sus propias manos.
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