De Compañera Estéril a Reina Pregnante, novela · Capítulo 10 de 24
Capítulo 10: Elijo yo
La cabaña de Mauro tiene una estufa de hierro y una cama grande con colcha de lana teñida a mano.
La ventana da a las cumbres negras que le dan nombre a la manada.
Esa noche nevaba.
Copos grandes, lentos, que caían sin viento sobre el bosque.
Yo me senté en el borde de la cama, con el pelo suelto y un camisón de algodón, esperando.
Tenía las manos heladas.
El corazón me latía en las muñecas.
No era miedo.
Era algo más parecido a la sed.
Mauro entró sin llamar.
Se quedó en el umbral, con una camisa de franela y los pies descalzos.
Cerró la puerta.
No avanzó.
"Ven", dije.
Cruzó la habitación.
Se arrodilló frente a mí, sobre la alfombra, y apoyó las manos en mis rodillas.
Me miró desde abajo, con los ojos grises fijos en los míos.
"Te voy a besar hasta que te canses", susurró.
"No me voy a cansar."
Lo besé.
Despacio.
Dejé que mi boca aprendiera la suya, el roce de su barba, el sabor a café y a nieve.
Sus manos subieron por mis muslos, apartando el camisón.
Temblaban.
Era un hombre grande y fuerte, un Alfa que podía partir un tronco con las manos, y le temblaban los dedos.
Lo atraje.
Se subió a la cama de rodillas, entre mis piernas, sin dejar de besarme.
Me quitó el camisón por la cabeza.
Quedé desnuda delante de él, a la luz de la estufa.
Mis pechos, más llenos que antes, con los pezones oscurecidos.
Mi vientre apenas redondeado.
Las marcas de plata en las muñecas.
Me cubrí con un brazo, por instinto.
Él me tomó la muñeca.
Con suavidad, la apartó.
"No", dijo. "No te escondas."
"Ya no soy la que era."
"Mejor."
"Estoy marcada."
"Estás viva." Besó la marca negra de mi muñeca, la otra, el hueco del codo, el hombro. "Eres hermosa, Ailén. La mujer más hermosa que he visto."
Cerré los ojos.
Sus labios bajaron por mi clavícula, mi pecho, mi costado.
Sigue leyendo gratis con una cuenta. Empieza De Compañera Estéril a Reina Pregnante desde el Capítulo 1 y luego crea una cuenta gratis para leer el resto de este capítulo.