Desaparecida en el fuego, novela · Capítulo 16 de 24
Capítulo 16: Cara a cara
No esperé a que abriera.
Empujé la puerta de la despensa yo misma, desde adentro.
La luz de la cocina me dio en la cara.
Eliseo retrocedió medio paso, con la mano todavía extendida hacia el picaporte.
Nos quedamos mirándonos.
Él, de traje gris, con el pelo despeinado y los ojos muy abiertos.
Yo, con el pelo corto, el suéter de Salvador y los zapatos sin cordones.
Pasaron cinco segundos.
Diez.
Vi cambiar su cara, una cosa tras otra, como la luz en un lago.
Primero, la incredulidad.
Después, el terror puro.
Después, algo que no esperaba y que me paralizó:
Alivio.
Dos lágrimas enormes le rodaron por las mejillas.
"Violeta."
"Hola, Eliseo."
"Estás viva."
"Sí."
"Estás... estás viva."
Se llevó una mano a la boca.
Sollozó.
Un sollozo largo, quebrado, que le sacudió los hombros.
Se dejó caer de rodillas sobre las baldosas, delante de mí, con los brazos abiertos.
"Gracias a Dios. Gracias a Dios."
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