Descubrí el Fraude de mi Matrimonio, novela · Capítulo 8 de 16
Capítulo 8: Lo que no supo
Flavio colgó la llamada sin responder.
Dejó el teléfono sobre la banca.
Nos quedamos mirando el cuadro de la playa.
"Mañana a las nueve", repitió él, ronco. "En la torre."
"Voy a ir."
"Lucila, mi tío no te va a dejar entrar. Va a decir que..."
"Voy a ir."
Asintió.
"Entonces iré contigo."
"Tú te callas."
"Me callo."
Respiré hondo.
Metí la mano en el bolso.
Había una cosa que no le había dicho por teléfono.
Una sola.
La saqué.
Un papel brillante, doblado en cuatro, con los bordes ya suaves de tanto abrirlo y cerrarlo.
Se lo tendí.
"Mira."
Lo tomó.
Lo desdobló con cuidado, como quien abre un mapa de un lugar que ya no existe.
Era una ecografía.
Una mancha gris sobre fondo negro.
Una curva pequeña, con una cabeza redonda y dos puntos que podían ser manos.
Abajo, en letras blancas diminutas, una fecha de hace seis semanas.
"Gestación: 7 semanas."
Flavio la miró.
Pasó un minuto.
Después otro.
"Este es...", dijo.
"Sí."
"Es nuestro."
"Sí."
"Está..."
"Latía."
Se le quebró algo en la garganta.
Se llevó la mano libre a la boca y la apretó, con la ecografía temblándole en la otra.
Su pecho empezó a sacudirse.
Primero en silencio.
Después con un ruido ahogado, un hipo de animal herido, que no pudo reprimir.
Se dobló hacia adelante, con la cabeza casi tocando las rodillas.
Y lloró.
No como lloran los hombres en las películas.
Lloró como lloran los niños pequeños cuando se pierden en un mercado.
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