Desposar al Rey Vampiro Después de Renacer, novela · Capítulo 5 de 12
Capítulo 5: La primera noche
Esa noche no nos acostamos.
Cenamos, mal, en silencio, a ambos lados de una mesa de roble donde cabían veinte.
Hablamos del Pacto, de los lobos, del clima, de todo lo que no era la cama.
Cada vez que sus ojos se detenían en mi cuello, él desviaba la mirada.
La segunda noche tampoco.
Lo encontré en la biblioteca con un libro abierto que no leía.
"Alaric."
"Mañana es la última noche."
"Lo sé."
"No quiero que sea por obligación."
Cerré la puerta tras de mí.
"Mírame."
Me miró.
"¿Parece que me estoy obligando?"
Tragó saliva.
"No lo sé. A veces no sé qué piensas."
"Entonces te lo digo claro."
Caminé hasta él y le saqué el libro de las manos.
Lo dejé sobre la mesa.
"Te elegí porque no tuve miedo. Y no tengo miedo ahora. Quiero que seas mi esposo esta noche, no por Orsolya, no por el Pacto."
"Mireya..."
"Mañana es tarde. Hoy."
Me tomó de la cintura.
Su boca bajó hasta la mía, helada y suave, con un sabor a noche.
Fue un beso lento, hondo, de hombre que lleva siglos sin tocar a nadie.
Cuando nos separamos, me temblaban las piernas.
"Tengo las manos feas", dijo.
"Dámelas."
Se las tomé.
Las cicatrices brillaban bajo la luz del candelabro, rosadas, gruesas, bellísimas para mí.
Las besé una por una, la palma, los nudillos, el pulso de la muñeca.
Él cerró los ojos, con la mandíbula tensa.
"No tienes que..."
"Quiero."
Lo dije contra su piel, y él soltó el aire.
Él soltó un gruñido bajo y me levantó en brazos.
Subió las escaleras conmigo sin esfuerzo, como si no pesara nada.
En mi habitación, el fuego estaba encendido.
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