El Doctor De Las Calenturas, novela · Capítulo 5 de 12
Capítulo 5: Ducha de patio
Me desperté con el primer sol y con una boca mojada en el hombro.
Dalila me mordisqueaba la piel, medio dormida, y tenía la mano ya cerrada alrededor de mi verga.
"Buenos días, doctor", murmuró.
"Buenos días, paciente."
"Hoy me siento mucho mejor."
"Eso es mala señal. Habrá que repetir el tratamiento."
Sonrió con los ojos cerrados.
El teléfono seguía sobre la mesa de noche, con el mensaje de Néstor, pero ella ni lo miró.
"Ven", dijo, y se levantó desnuda de la cama.
La seguí por el pasillo hasta un patio interior lleno de matas.
Tenía paredes de azulejo azul y una ducha de pared en el rincón, sin techo.
El cielo era un cuadrado rosado sobre nuestras cabezas.
Abrió la llave y el agua cayó tibia, en un chorro grueso.
Entró bajo el agua y se quedó con la cara levantada, y las gotas le resbalaban por el cuello, por los pechos, por el vientre.
Me quedé en la puerta, sin poder moverme.
"¿Piensas quedarte ahí de testigo?", preguntó, sin abrir los ojos.
Entré.
El agua me golpeó la espalda, y la agarré por la cintura y la pegué a mí, resbaladiza, caliente.
Le comí la boca bajo el chorro, con el agua entrándonos por la nariz, por los labios.
Ella me recorrió el pecho con las palmas.
"Voltéate", le dije.
"Qué mandón estás."
"Voltéate, Dalila."
Se giró y apoyó las manos en los azulejos, con los brazos estirados.
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