El Doctor De Las Calenturas, novela · Capítulo 7 de 12
Capítulo 7: Hamaca
La terraza de Dalila daba al jardín trasero, con una palma enorme y una hamaca tejida colgada entre dos columnas.
Llegué a las nueve con una caja de cartón bajo el brazo y la cara de un ladrón.
Ella me esperaba sentada en la hamaca, con un vestido blanco de tirantes y los pies descalzos, balanceándose despacio.
"¿La trajiste?"
"Mi tío me mata si se entera."
"Tu tío me puso diagnóstico", dijo. "Se lo debe."
Dejé la caja en el piso de baldosa y la abrí.
Arriba había frascos de lubricante, pomadas, un par de libros de anatomía con la tapa gastada.
Debajo, una caja de plástico negro con un cierre.
La abrí y me quedé quieto.
"Material de terapia", leyó Dalila, inclinándose sobre mi hombro. "Qué serio es tu tío."
Adentro había un vibrador de silicona negra, curvo, del tamaño de una mano, todavía sellado en su empaque.
Dalila lo tomó, rompió el sello con las uñas, y lo encendió.
El zumbido llenó la terraza.
"Mira", dijo, y se echó a reír. "Tiene tres velocidades."
"No quiero saber cómo sabes que es de tres velocidades."
"Dice la caja, doctor."
Apagó el vibrador y me lo puso en la mano.
"Esta noche me vas a recetar esto."
Se me secó la garganta.
"Dalila."
"Quítate la camisa."
"Ayer mandaba yo."
"Ayer. Hoy te toca aprender que a mí también me gusta pedir."
Me quité la camisa, y ella me puso las manos en el pecho y me empujó hacia la hamaca.
Caí sentado, y la red se hundió y se meció.
Ella se desató los tirantes y el vestido cayó al suelo.
Estaba desnuda debajo, a la luz de la luna y de una lámpara lejana, con la piel morena brillando y el lunar bajo el ojo.
"Ahora el pantalón", pidió.
Me lo quité, y ella me dio la espalda.
Se subió a la hamaca con una pierna a cada lado de mis caderas.
Se sentó sobre mi pelvis, mirando hacia el jardín.
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