El Doctor De Las Calenturas, novela · Capítulo 9 de 12
Capítulo 9: Quién cobra el arriendo
Dalila no dijo una palabra durante todo el trayecto en taxi.
Tenía el teléfono apretado en la mano y miraba por la ventana las luces de la Vía 40.
Yo le sostuve la otra mano, y ella me la dejó.
La bodega de Cabrales e Hijos era un galpón gris con un letrero iluminado y una sola ventana encendida en el segundo piso.
Subimos por una escalera de hierro hasta una oficina con alfombra marrón, retratos de hombres serios y un escritorio enorme.
Néstor estaba sentado detrás, con un vaso de ron en la mano y los pies sobre una silla.
No pareció sorprendido de vernos.
"Dalila, querida. Y el repartidor."
"Es mi acompañante", dijo ella.
"Qué bien. Así presencia lo que pasa con las viudas que olvidan el apellido."
Dejó el vaso y abrió un cajón.
Sacó una hoja doblada en tres y la puso sobre el escritorio, girada hacia ella.
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