¡¿La esposa legal de mi esposo es mi hermana?!, novela · Capítulo 4 de 20
Capítulo 4: Hermana
Jonás entendió antes que yo.
Dijo que tenía que ver un horno en Tonalá, tomó su cuaderno, y me guiñó un ojo desde la puerta.
"El viernes", dijo. "Con anticipo."
"El viernes."
Y se fue.
Xóchitl y yo nos quedamos de pie, a un metro la una de la otra.
Hacía cuatro años que no nos veíamos.
Ella había cambiado.
Antes llevaba el pelo larguísimo, los vestidos de colores, un anillo en cada dedo.
Ahora todo en ella era negro, sobrio, recortado.
Y la boca, que siempre había sido de risa, la tenía apretada como una costura.
"Pasa", dije.
Entró.
Miró el taller en silencio.
Tocó con un dedo el borde de una cazuela.
"Sigue igual", murmuró.
"Casi todo."
"Tu mamá te lo dejó en su testamento, ¿verdad?"
Era la única vez que alguien nombraba a mi madre en voz alta desde que murió.
"Sí."
"Me acuerdo de ella. Me regaló una taza una vez, sin que se enterara mi mamá."
"No lo sabía."
"Yo tampoco supe decírtelo."
Se sentó en un banco de madera, con las rodillas juntas.
"Vine porque mi madre me llamó", dijo. "Mi papá está muy mal. Los médicos dijeron que le quedan semanas."
"Lo sé. Hablé con él el martes."
"Y vine por otra cosa."
"¿Por Moisés?"
Sacudió la cabeza.
"Por ti."
Me crucé de brazos.
"Qué conveniente. Justo el día que me entero de todo."
"Me enteré esta mañana, porque mi mamá me dijo que fuiste al Registro." Alzó las manos. "No te lo estoy contando para que me perdones. Te lo cuento porque te debo una versión."
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