La Principessa sin Memoria, novela · Capítulo 15 de 16
Capítulo 15: La caja de Pina
Pina había viajado dos días y dos noches en un camión de verduras para traerme una caja.
Era de madera de nogal, del tamaño de una caja de zapatos, con las esquinas desgastadas y una cuerda de cáñamo atada con triple nudo.
Me la puso sobre las rodillas, en la cocina del castillo, mientras mi niñera le servía un caldo caliente y le sacaba los zapatos mojados.
"Ábrela, niña."
"¿Qué es?"
"Lo que tenías puesto cuando Rocco te trajo."
Tragué saliva.
Corté la cuerda con un cuchillo de pan.
Levanté la tapa.
Adentro había un trozo de tela azul, deshilachada, con las costuras abiertas.
El vestido que yo llevaba el día de la bomba.
Estaba lavado y doblado con cuidado, como una reliquia.
Debajo, una zapatilla de raso, sola, sin su par.
Una cinta de pelo, de terciopelo verde.
Y, al fondo, envuelto en un pañuelo blanco, algo pequeño y duro.
Lo desenvolví.
Era un relicario de plata, redondo, del tamaño de una moneda, colgado de una cadena fina.
Lo abrí con la uña.
Adentro había dos fotos diminutas.
A la izquierda, una mujer de pelo castaño con un vestido verde, que sonreía con dulzura.
A la derecha, un niño de dieciséis años, serio, con el pelo negro revuelto.
Mamá.
Dario.
Me quedé sin aire.
"Lo llevabas al cuello", dijo Pina. "Rocco lo guardó en su caja fuerte, por si algún día preguntabas. Nunca preguntaste, y él lo olvidó."
"¿Y cómo lo conseguiste?"
"Me sé la combinación desde hace tres años." Se encogió de hombros, sin soltar la cuchara. "Fue mi cumpleaños. Me la dijo en un descuido."
Se me escapó una carcajada.
Me puse el relicario al cuello.
Pesaba muy poco.
Pesaba toda la vida.
Mi niñera y Pina se miraron, y las dos se echaron a llorar a la vez, abrazadas, en medio de la cocina.
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