UpNextDrama · Dramas por entregas gratis: un capítulo más.

La Villana Eligió al Íncubo, novela · Capítulo 4 de 16

Capítulo 4: Hambre

Dionisio no volvió a la cama esa noche.

Dormí sola entre las sábanas frías, con las muñecas todavía hormigueando donde me había sujetado el terciopelo.

A las siete bajé al comedor.

Él ya estaba sentado a la cabecera de la mesa, vestido de negro, con el periódico abierto delante de la cara.

Pero el periódico temblaba.

"Buenos días", dije.

"Buenos días."

Se me heló la sangre.

Tenía la piel gris, casi translúcida, con ojeras profundas, y unas venas azuladas le marcaban las sienes.

Había adelgazado en una noche.

"Estás enfermo."

"Estoy bien."

"Dionisio."

"Estoy bien, Irene."

Dobló el diario con mano rígida, se levantó, y casi se cayó.

Alcancé a sujetarlo del brazo.

Estaba hirviendo.

Los comentarios aparecieron sobre su hombro, preocupados.

"Necesita alimentarse."

"Pobrecito, llevaba años aguantando."

"IRENE, DÁSELA."

"¿Dártela qué?", pregunté en voz alta, sin pensarlo.

Dionisio me miró, extrañado.

"Nada. Suéltame."

"No te suelto."

"Suéltame." Se zafó, con una brusquedad que no pareció suya. "Tengo una reunión."

Salió del comedor con los hombros rígidos.

Me quedé con la mano vacía en el aire.

Alguien carraspeó detrás de mí.

Magnolia Cuervo estaba en la puerta de la cocina, con su tablet bajo el brazo y su moño impecable.

Era la asistente de Dionisio desde hacía cinco años.

Una mujer de treinta años, seca, eficiente, a quien yo nunca había oído una frase de más.

"Señora", dijo. "Si me permite."

Sigue leyendo gratis con una cuenta. Empieza La Villana Eligió al Íncubo desde el Capítulo 1 y luego crea una cuenta gratis para leer el resto de este capítulo.

← Capítulo 3 · Todos los capítulos · Capítulo 5 →