Me Fui al Mundo que Sí me Amaba, novela · Capítulo 10 de 16
Capítulo 10: Las piernas
Rafaela eligió el único lugar de Santiago donde yo no podía negarme.
El Centro de Rehabilitación Alameda abría a las seis de la mañana.
Entré por la puerta lateral, con una chaqueta de lana y el pelo recogido.
Olía a goma, a cloro y a café de máquina.
Las barras paralelas seguían donde las recordaba, junto a la ventana del este.
Rafaela estaba en el centro de la sala, sin bastón, con una malla negra y las manos apoyadas en las barras.
Temblaba de pies a cabeza.
Pero estaba de pie.
"Sola", dijo, sin mirarme. "Como te pedí."
"Sola."
"Ven."
Me acerqué hasta quedar frente a ella, al otro lado de las barras.
Se veían las líneas finas que el esfuerzo le había dejado alrededor de los ojos.
Ojos verdes, tercos.
"Dame una cuenta", pidió.
"¿Cómo?"
"Como antes. Cuenta."
Sabía a qué se refería.
Durante ocho meses le había contado los pasos en voz alta, uno por uno, desde las seis de la mañana hasta que le dolía todo.
"Uno", dije.
Rafaela movió el pie derecho.
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