Me Robaron el Corazón y la Vida, novela · Capítulo 11 de 12
Capítulo 11: El corazón
El quirófano estaba helado.
Me acostaron en una mesa estrecha, bajo una lámpara redonda, mientras tres personas con gorros verdes revisaban pantallas.
Mercedes entró la última, con mascarilla y guantes, y se paró a mi lado.
"Estoy aquí", dijo.
"Lo sé."
"No me voy a mover."
"Gracias."
Un anestesista me puso una mascarilla en la cara.
Antes de que empezara a contar hacia atrás, vi entrar a Benicio por la puerta de vidrio del pasillo.
Un enfermero lo sostenía de los hombros.
Mi hijo apoyó la frente contra el cristal.
Levantó la mano.
Yo también.
Después el techo se volvió blanco.
Desperté con el pecho ardiendo.
Lo primero que sentí fue un golpe lejano, rítmico, como alguien llamando a una puerta.
Un latido.
No era mío.
Era mío.
Giré la cabeza.
Estaba en una habitación de cuidados intermedios, con luz de atardecer filtrándose por una persiana.
Mercedes dormía sentada en un sillón, con los zapatos descalzos y la cabeza ladeada.
En la silla de al lado, hecho un ovillo, con la mochila de almohada, dormía Benicio.
Me quedé mirándolo.
Tenía la boca entreabierta, los dientes chuecos a la vista y una mancha de chocolate en la mejilla.
Intenté mover una mano y no pude.
Un tubo me sujetaba el brazo.
Mercedes abrió un ojo.
"Hola, bella durmiente."
"¿Cuánto..."
"Dos días."
"¿Salió bien?"
Se frotó la cara.
"El corazón tardó cuatro minutos en arrancar. Cuatro minutos eternos. El cirujano dijo que no volvía a pasar por algo así. Y entonces... se puso a latir. Fuerte. Parejo."
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