Mi Alfa Lloró Lágrimas de Plata, novela · Capítulo 15 de 16
Capítulo 15: El juicio de la luna llena
Me puse de pie por mi cuenta cuatro días después.
La silla de ruedas se quedó vacía junto a la ventana de la casa del Alfa, con la manta doblada sobre el asiento.
Me temblaban las piernas como a un potrillo.
Mi madre lloraba en la puerta con las manos en la boca.
Abdiel me sostenía de los codos, a mi espalda, sin decir nada, con la barbilla apoyada en mi cabeza.
Las cicatrices plateadas de mis brazos habían ido desapareciendo.
Primero las de las muñecas, después las de la espalda, y el último hilo, el más fino, la noche anterior.
Ahora solo quedaban líneas pálidas, como marcas de una vieja quemadura.
La piel se me estaba poniendo morena otra vez.
Mi pelo, tan opaco durante años, brillaba.
"Un paso", me dijo Abdiel al oído.
Di un paso.
Dos.
Tres.
Llegué a la puerta, y el sol de la sierra me dio en la cara.
Lloré.
Todos lloramos.
La noche de la luna llena, el Gran Salón estaba iluminado como nunca.
Había quinientos lobos en las gradas, los de la sierra y los de los llanos, sentados en bancos de madera, separados por un pasillo central.
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