Nadando En Las Medias De Mi Ahijada, novela · Capítulo 11 de 12
Capítulo 11: La prueba
A las seis menos cuarto bajamos Zaira y yo al Tsuru gris.
Fidencio no giró la cabeza.
"Suban atrás", dijo.
Subimos.
Manejó hasta el club sin decir una palabra, con las manos en el volante a las diez y diez, como en la autoescuela.
Entró por la puerta de servicio con su llave de socio fundador, y cruzó el vestidor con paso firme.
En la alberca no había nadie.
El agua azul brillaba bajo las primeras luces del día, quieta como un espejo.
Fidencio se detuvo al borde, con las manos a la espalda.
"Zaira, hija, espérame en las gradas."
"Papá..."
"Ve."
Ella me miró.
Asentí.
Se fue a sentar con los brazos cruzados, y los dientes castañeteando de frío o de miedo.
Fidencio empezó a desabotonarse la camisa.
"¿Qué haces?", pregunté.
"Ponte el traje de baño. Está en tu casillero. Lo vi anoche."
"Fidencio..."
"Me vas a escuchar nadando."
Diez minutos después estábamos los dos en la orilla, en traje de baño, él con el torso canoso y la panza firme de hombre de cincuenta y seis, yo con las cicatrices de la plataforma.
"Cuatrocientos metros", dijo. "Dos largos y vuelta. Si llegas antes que yo, hablas primero. Si llego antes, hablo yo."
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