No Mirar Atrás, novela · Capítulo 10 de 12
Capítulo 10: Fabiana cae
Volví a Lima el lunes, en el primer vuelo, con una carpeta que el auditor me había enviado por correo la noche anterior.
Eran noventa páginas de movimientos bancarios, escritas en un lenguaje que yo conocía mejor que mi propio nombre.
Pasé el vuelo entero con un lápiz en la mano.
Para cuando aterricé, ya tenía el cuadro completo.
El auditor era un hombre calvo y amable, con lentes redondos y un maletín lleno de calculadoras antiguas.
"Señora Zárate", dijo, estrechándome la mano en el vestíbulo. "La estaba esperando. Aquí hay algo que usted debe ver antes que nadie."
"¿Quién me nombró?"
"El señor Ricardo. Me dijo que usted es mejor que cualquiera de mis auxiliares."
"Eso es exagerado."
"No lo creo."
Subimos al piso doce.
La sala de juntas estaba preparada: nueve sillas, el proyector, café.
Consuelo llegó la última.
Con un vestido gris perla y una mirada helada.
Fabiana entró detrás de ella, con la tablet en las manos y la cara de siempre, ensayada, sin una fisura.
Se sentó en su puesto de secretaria, junto a la puerta.
El viejo director de pelo blanco llamó al orden.
"Señores, el auditor externo tiene un informe preliminar. Doña Consuelo, con su permiso."
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