Papi Alfa, por favor no pares, novela · Capítulo 18 de 24
Capítulo 18: Sin esconderse
Esa noche cenamos los tres en la cocina, sin manteles ni servilletas, con los codos sobre la mesa.
Mi madre sirvió caldo de frijol y quesadillas.
Habló de la casita del pueblo donde pensaba mudarse después de la boda.
Ya no sería una boda de pacto, sino una de verdad.
"La boda sigue en pie", dijo, y los ojos le brillaron.
"Pero la novia vas a ser tú, hija. Con el vestido de encaje."
"Mamá, es tu vestido."
"Es el de mi madre. Ahora es tuyo."
Ciro me acariciaba el muslo bajo la mesa, sin disimular, con una naturalidad que me hacía sonreír como una tonta.
A las diez, mi madre recogió los platos, besó a Ciro en la frente, y me besó a mí en las dos mejillas.
"Buenas noches, hijos", dijo.
"Buenas noches, mamá."
"Y dejen la puerta abierta, si quieren. Yo duermo con tapones."
"¡Mamá!"
Se rio, y subió por la escalera con una vela en la mano, tarareando el vals.
Nos quedamos solos en la cocina.
Ciro me miró.
Yo lo miré.
Los dos soltamos una carcajada, de alivio, de vergüenza, de pura felicidad.
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