Quédate Con Tu Luna Podrida, novela · Capítulo 6 de 20
Capítulo 6: Mi compañera
Cruzó el río a pie.
Sin transformarse, sin pedir permiso, con el agua helada hasta la cintura.
Los guerreros de Cresta de Plata se agruparon a mi lado, con las manos en el cinto.
"Alto", gritó Prudencio.
Ambrosio no le hizo caso.
Salió del agua empapado, jadeando, con la camisa pegada al cuerpo, y se detuvo a diez pasos.
"Nereida."
Su voz era un rasguño.
No parecía el hombre que había brindado hacía dos noches con trescientos lobos.
"Es una frontera, Ambrosio", dije. "Estás en territorio de Cresta de Plata."
"Lo sé."
"Sin invitación."
"Lo sé." Dio un paso. "Vengo a buscarte."
Detrás de mí, varios guerreros gruñeron.
Levanté una mano para callarlos.
Los seis lobos de su patrulla se habían puesto de pie, con las manos todavía atadas, y lo miraban desde la orilla como si no lo reconocieran.
"Ya no soy tuya", dije. "Renuncié ante tu consejo."
"No acepté tu renuncia."
"Tu aceptación no hace falta."
"Eres mi Beta."
"Era."
Se pasó la mano por la cara.
Parecía un hombre despertándose de golpe, sin saber dónde estaba.
"Escúchame. Anoche... las cosas que dije... estaba..." Apretó los dientes. "Mirta no es lo que piensas."
"Es tu Luna."
"No. Todavía no."
"Entonces será tu Luna." Crucé los brazos. "Felicidades."
"Nereida." Hizo una pausa larga, como si le doliera cada palabra. "Vuelve conmigo. Puedes seguir de Beta. Puedes tener tu cuarto en el ala del consejo. Puedes... estar a mi lado."
"¿A tu lado, cómo?"
"Como antes."
Había un silencio de cuarenta lobos alrededor.
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