Renací: esta vez no seré su prometida, novela · Capítulo 6 de 12
Capítulo 6: La junta
A las ocho en punto entré a la sala de juntas del piso veintidós de la torre Marulanda.
Llevaba la camisa de campaña lavada en el lavamanos del hospital, los jeans con polvo rojo en las rodillas y una carpeta bajo el brazo.
A mi lado caminaba el abogado de mi papá, un hombre bajito de gafas, con un maletín que parecía más grande que él.
En la mesa ovalada había catorce sillas.
Doce estaban ocupadas por accionistas de la exportadora: dueños de fincas, representantes de cooperativas, dos primos lejanos de mi mamá.
En la cabecera estaba Inmaculada Marulanda, con un traje crema y las perlas.
A su derecha, Mariángel, con una libreta de actas y los ojos bajos.
Alvar no estaba.
Doña Inmaculada me miró de arriba abajo y sonrió despacio.
"Viviana. No esperábamos que llegaras a tiempo. ¿Cómo está tu padre?"
"Vivo, gracias a que no firmó lo que usted le mandó."
Hubo un murmullo.
Me senté en una silla vacía, frente a ella.
"Empecemos", dijo, y golpeó la mesa con la pluma. "Primer punto: aprobar la cesión de las acciones de Viviana Zuluaga a Marulanda & Hijos, como pago del préstamo vencido."
Mariángel puso sobre la mesa un documento.
"Aquí está la firma de la accionista", dijo, sin levantar la vista.
Los accionistas lo pasaron de mano en mano.
Yo esperé a que llegara a mí.
Lo miré un instante.
Después puse mi pasaporte abierto al lado y la hoja del bolsillo de la camisa.
"Pido que el notario compare las tres firmas."
El notario, sentado en un extremo, se ajustó los lentes.
Tardó un minuto largo.
"Esta no coincide", dijo al fin. "La curva de la zeta es distinta."
Un accionista soltó un silbido bajo.
Inmaculada no movió un músculo de la cara.
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