UpNextDrama · Dramas por entregas gratis: un capítulo más.

Renacimiento: Elegir a un Esposo Universitario, novela · Capítulo 12 de 12

Capítulo 12: Las tres

Tuve tres hijas, como había dicho.

Rosa, la mayor.

Luz, que nació con una sonrisa y un pulmón de campana.

Alba, la menor, que a los cuatro años ya corregía los errores de ortografía de su hermana.

Ángel las cargó a las tres con la misma cara de asombro.

Nunca dijo la palabra "varón".

Cuando mi suegra, la viuda de los choclos, se lo preguntó una vez, a la salida de misa, con voz de conspiración, él contestó:

"Madre, yo ya tengo la casa llena."

Blanca y Wilson tuvieron cinco hijos varones y una niña.

Cinco, uno detrás de otro, con un año de diferencia, en una casa que se fue llenando de pelotas de trapo y ollas de mazamorra.

Blanca se rio la primera vez que lo contamos.

"Cinco varones", dijo. "Mira qué ironía."

"Qué ironía."

"Yo sé lo que sabes tú."

Me quedé quieta.

"¿Qué sé yo?"

"Que Hólger esperaba esto de mí."

No contesté.

Me tomó la mano.

"No te voy a preguntar", dijo. "Solo quiero que sepas que me alegra que hayas elegido a Ángel."

"Y a mí que Wilson te haya esperado."

"Tres años bajo una piedra."

"Con una carta."

"Todavía la guardo."

Sonreímos.

Fue lo único que dijimos sobre el tema.

En 1999, una mañana de septiembre, estaba en el patio de la escuela de Cunchibamba, ya no de adobe sino de ladrillo, con dos pisos, un techo de calamina, una biblioteca y una cancha de tierra.

La habían construido las familias de la comunidad, a lo largo de ocho años, con la plata de las ferias y las manos de los jornaleros.

Ángel era el director.

Yo daba clases a los adultos por las noches.

Doce mujeres de la comunidad, de edades entre dieciséis y sesenta, aprendían a leer con una vela, un cuaderno y un lápiz.

Esa mañana era el primer día del año escolar.

Los niños formaban en el patio, con uniformes planchados, cantando el himno.

Las niñas, a la derecha.

Los niños, a la izquierda.

Eran ciento ochenta.

Ciento ocho eran niñas.

Mis hijas estaban en la primera fila.

Rosa, de once años, con una trenza larga y una libreta debajo del brazo.

Luz, de nueve, con los ojos riendo.

Alba, de siete, parada en puntitas.

Cuando terminó el himno, Ángel me miró desde la tarima.

Sigue leyendo gratis con una cuenta. Empieza Renacimiento: Elegir a un Esposo Universitario desde el Capítulo 1 y luego crea una cuenta gratis para leer el resto de este capítulo.

← Capítulo 11 · Todos los capítulos