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¡Suegrito! Me atoré en la lavadora, novela · Capítulo 10 de 12

Capítulo 10: El almuerzo

A la una de la tarde, el patio estaba lleno.

Dos mesas largas, con manteles de plástico, ollas de caldo de gallina, bandejas de mote y cuy asado, y cuarenta personas sentadas en bancos.

Los tíos de Hipólito, sus hermanas, los primos, los compadres.

El primo abogado presidía una de las mesas, con las gafas sobre la nariz y el portafolio abierto.

En la otra, de pie, sin comer, esperaban Wilmer, Cleofás Auquilla y el notario, con los papeles sobre un mantel.

Los vecinos se asomaban por la reja.

Hipólito estaba sentado a la cabecera, con la camisa blanca de los domingos, las manos en las rodillas, en silencio.

Yo estaba a su derecha, de pie, con el celular en la mano.

Los ojos de todos se pasaban de mí a Wilmer y de Wilmer a mí.

Wilmer se levantó, con una sonrisa ensayada.

"Familia", dijo. "Gracias por venir. Mi papá tiene un asunto grave que resolver."

"Habla, hijo", dijo una tía.

"Hay una deuda, un malentendido con un amigo, don Cleofás. Para arreglarlo, hay que firmar el traspaso de esta casa, y vender el taller."

El resto de este capítulo forma parte de la parte de pago de la serie. Los capítulos 1 a 4 de ¡Suegrito! Me atoré en la lavadora son gratis: empieza desde el principio y desbloquea el resto con monedas en la app.

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