¡Suegrito! Me atoré en la lavadora, novela · Capítulo 11 de 12
Capítulo 11: La cocina
A las ocho de la noche, la casa por fin estaba vacía.
Los tíos se habían ido uno a uno, abrazándome en la puerta, sin decirme nada y diciéndomelo todo.
La tía del bastón me besó las dos mejillas.
"Cuídalo", dijo. "Es terco como una mula, pero tiene corazón."
El primo abogado se quedó hasta el final, en la sala, con su portafolio sobre las rodillas.
"Wilmer firmó todo en la fiscalía", dijo. "El divorcio por mutuo acuerdo, la renuncia a cualquier derecho sobre esta casa, la confesión de la falsificación."
"¿Y qué pasará con él?"
"Lo dejan salir con una fianza si abandona el país en setenta y dos horas. Si regresa, va preso." Cerró el portafolio. "Cleofás sí se queda. Y el notario también. Con lo que ya tenemos, van a pasar un tiempo largo a la sombra."
Hipólito asintió, sentado en el sofá, con los antebrazos sobre las rodillas.
"Gracias, primo."
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