Amante En La Sombra, novela · Capítulo 9 de 16
Capítulo 9: La noche de Ignacio
Esa noche en su terraza le conté todo lo que no había contado.
No fue mucho.
Que había estado embarazada.
Que ya no lo estaba.
Que lo había decidido yo, sola, sin dudar, y que no me arrepentía.
Que a veces me dolía igual.
Ignacio me escuchó con la taza entre las manos, mirando el mar.
Cuando terminé, se quedó callado un rato largo.
"Gracias por contármelo", dijo al fin.
"¿No vas a decirme nada?"
"¿Qué quieres que te diga?"
"No sé. Algo."
Pensó un momento.
"Que me alegra que estuvieras segura." Me miró. "Y que no te vas a quedar sola con eso, si no quieres."
Me puse a llorar otra vez.
Pero esta vez él me abrazó.
Fue un abrazo largo, firme, sin intención, con la barbilla apoyada en mi cabeza.
Yo me quedé quieta contra su pecho, escuchando el latido.
Tres semanas después, ese latido seguía en mi cabeza.
Habíamos tomado café casi todas las mañanas en mi balcón.
Habíamos caminado por la playa al atardecer.
Me había enseñado una casa que restauraba en la ladera, con tejas coloniales y una escalera de madera que él mismo cepillaba a mano.
Me había hecho reír.
Yo había vuelto a dormir con la ventana abierta.
Una noche de viernes, subí a su terraza con una botella de vino blanco.
Él estaba trabajando en un plano con el pelo revuelto y una lámpara de escritorio.
Levantó la vista.
"Renata."
"Hola."
"Pensé que estabas ocupada."
"Terminé." Dejé la botella sobre la mesa. "Y tengo algo que decirte."
"Te escucho."
Respiré hondo.
"Quiero acostarme contigo."
Él se quedó muy quieto.
Dejó el lápiz.
"¿Estás segura?"
"Sí."
"No tienes que..."
"Quiero."
"No quiero que sea para olvidar a nadie."
"No es para eso." Me acerqué. "Lo he pensado tres semanas. Es para estar aquí. Contigo."
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