Aprendiendo a que Me Manejen, novela · Capítulo 12 de 12
Capítulo 12: Hoy conduces tú
Andrea me hizo el desayuno el martes por la mañana.
Huevos revueltos, jugo de naranjilla y una tostada quemada que puso frente a mí con una cara de dignidad ofendida.
"Es tu licencia", dijo. "Hay que celebrar."
"Gracias."
"Con tu licencia ya estamos en cuarenta por ciento."
"¿De qué?"
"De perdón."
Se sentó frente a mí, con un vaso en la mano.
"Sube diez por cada cosa buena que hagas."
"Bajará veinte por cada mentira."
"Entendido."
"Y hay una cosa que quiero saber."
"Dime."
Dudó.
"¿Es bueno mi papá? Contigo."
Me atraganté con el jugo.
"¡Andrea!"
"No me cuentes los detalles. Solo contesta."
Sonreí con las mejillas ardiendo.
"Es muy bueno."
Ella asintió, despacio, con los ojos fijos en el vaso.
"Entonces vale la pena", dijo. "Que se porte bien."
"Se porta bien."
"Y si no, me avisas."
"Te aviso."
"Y yo lo mato."
"Trato hecho."
Nos reímos las dos.
Esa tarde, Rafael me pasó a buscar a las cinco, en la esquina de mi casa.
Lo vi llegar en la LUV azul, polvorienta, con el codo fuera de la ventanilla y la camisa arremangada.
Me subí al asiento del copiloto.
Me abroché el cinturón.
Él sonrió.
"Hoy conduzco yo."
"Eso dijimos."
"¿Sabes cuántas veces he manejado con alguien al lado que no me daba instrucciones?"
"Pocas."
"Ninguna."
"Pues hoy tampoco te las voy a dar."
"¿Ni una?"
"Una."
"Dime."
Me incliné hacia él.
Le besé el cuello, donde le latía la vena.
"Despacio", susurré.
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