Cincuenta Mil Razones para Vengarme, novela · Capítulo 12 de 12
Capítulo 12: Cincuenta mil
Pasó un año.
Una noche de noviembre, con el mismo cielo gris bajo de Polanco, volví a Mesa Garmendia a cenar.
Sola, con un vestido azul oscuro y las gafas de sol sobre la cabeza.
La mesera más antigua me abrió la puerta.
"Señorita Garmendia."
"Buenas noches."
"Su mesa la espera."
Era la dieciséis.
Seguía sin rótulo, sin cortina, con un candelabro de plata y un jarrón de rosas blancas.
Me senté y miré el salón.
Estaba lleno, y cada mesa tenía reserva con tres meses de espera.
Las estrellas seguían ahí, en la entrada, brillantes.
En una esquina, junto a la barra, un mesero joven con el delantal bien planchado atendía a una pareja de ancianos con una paciencia infinita.
Era el mismo que había tocado el cristal de mi coche.
Ahora llevaba el gafete de jefe de sala.
Me guiñó un ojo al pasar.
Cenar sola era mi costumbre de los jueves.
Alfredo cocinaba para mí, platos que no estaban en la carta, a su ritmo y sin prisa.
El resto de este capítulo forma parte de la parte de pago de la serie. Los capítulos 1 a 6 de Cincuenta Mil Razones para Vengarme son gratis: empieza desde el principio y desbloquea el resto con monedas en la app.