Cuando el Alfa Me Reclamó... Ya Era Demasiado Tarde, novela · Capítulo 9 de 12
Capítulo 9: El Consejo Médico
El Consejo Médico se reunió en el gran salón de la sede, bajo un techo de vigas negras.
Siete consejeros en una mesa larga, con túnicas grises y un sello de plata colgando del cuello.
Detrás, doscientas sillas llenas de sanadores y alfas de las manadas del sur.
Yo me senté a un costado, con una carpeta sobre las rodillas.
Silvestre, junto a mí, presidía como anfitrión.
En el centro del salón, de pie, estaban los acusados.
Greta Zúñiga, con un vestido gris prestado y los ojos hinchados.
Elio, a tres pasos, con la cabeza gacha.
Y alineados contra la pared, con las manos cruzadas, tres hombres que yo conocía demasiado bien.
El primero era alto, rubio, de la Manada Roble Blanco.
El segundo, moreno, de hombros anchos, de la Manada Cóndor del Sur.
El tercero, más joven, flaco, con los ojos tristes, de la Manada Luna Lenga.
Los tres me miraron al mismo tiempo.
Ninguno sostuvo la mirada.
"Doctora Ferrer", dijo la presidenta del Consejo. "Tiene la palabra."
Me levanté.
Puse sobre la mesa el frasco café, el informe del laboratorio y una radiografía de los pulmones de Nahuel.
"Esto es raíz de ceniza", dije. "Se vende en el mercado negro de Osorno bajo un sello falso. Se usa para tapar el olor propio y para imitar el de otra persona. En un adulto, desorienta. En un niño de dos años, destruye los pulmones."
Hubo un murmullo.
"La señorita Zúñiga la ha usado en su hijo todos los días durante dos años. La ha usado en sí misma durante diez. Y la ha usado, según ella misma confesó, en tres lobos."
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