Curso de Perreo Intensivo, novela · Capítulo 11 de 12
Capítulo 11: La azotea
Me besó con tanta fuerza que me golpeé la cabeza contra la pared, y no me importó.
Detrás de la cortina todavía rugía la sala, y el camerino olía a laca y a sudor.
"Estás de pie", dije contra su boca.
"Sigo de pie."
"Ramsés, tu rodilla..."
"Que se rompa mañana. Hoy me toca a mí."
Me subió el top hasta el cuello y me comió los pezones con los dientes, con la mano abierta contra mi espalda.
Yo le abrí la camisa, le desabroché el pantalón y lo saqué duro, caliente, palpitando en mi mano.
"Ahora", pedí. "No me hagas esperar."
Me levantó una pierna, me apartó la tanga con un dedo y entró de golpe, de pie, contra la pared.
Grité, y él me tapó la boca con la suya.
Me cogió rápido, desesperado, con las caderas golpeándome contra el muro, mientras afuera el productor anunciaba el siguiente número por el altavoz.
Me vine a los pocos minutos con una ola corta y brutal, y él se vino detrás, hundido en mí, temblando.
Nos quedamos jadeando, frente con frente.
Entonces vi cómo le sudaba la sien, cómo apoyaba el peso en la pierna derecha y apretaba los dientes.
"Tienes que sentarte."
"Tengo que llevarte a un lugar."
Doña Lupita nos esperaba en la puerta trasera del local, con las llaves del estudio en la mano y la cara bañada en lágrimas.
"Los vi", dijo. "A los dos."
Abrazó a Ramsés tan fuerte que casi lo tumba, y a mí me besó las dos mejillas.
"Vayan a descansar. El estudio no se va a ningún lado esta noche."
A las cuatro de la madrugada subimos a la azotea de Calle 8.
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