Curso de Perreo Intensivo, novela · Capítulo 7 de 12
Capítulo 7: Bajo el espejo
El sábado por la mañana, el estudio estaba vacío y bañado de sol.
Doña Lupita se había ido a hablar con un abogado, y a Ramsés y a mí nos dejó las llaves y una orden: "Cierren bien".
Yo había llegado con un vestido ligero y sin ropa interior debajo, como la primera vez.
Él me esperaba sentado en el piso, bajo el espejo grande, con la espalda contra la pared y la pierna izquierda estirada.
"Ven", dijo.
Me senté junto a él, y me besó el hombro.
"Hoy quiero verte desde abajo."
"¿Otra vez?"
"Otra vez, y otra, y otra."
Me levanté el vestido por encima de la cabeza y lo tiré al piso.
Quedé desnuda a plena luz, con la piel dorada por el sol que entraba por los ventanales.
Él se acostó de espaldas sobre el tapete, con los brazos extendidos, y su verga se levantó entre sus muslos.
Me puse de pie sobre él, con un pie a cada lado de su cadera.
"Mírame desde ahí."
"Ya lo estoy haciendo."
Bajé despacio, con las rodillas flexionadas, hasta que la punta de su verga me rozó los labios.
Él cerró los ojos.
"Mírame", ordené. "Quiero que mires."
Abrió los ojos de golpe.
Me dejé caer.
Entró entera, hasta el fondo, y los dos soltamos un quejido largo.
"Dios", dijo él. "Qué rica."
Me apoyé en sus rodillas y empecé a moverme en círculos, hacia delante y hacia atrás.
Desde donde estaba, de frente al espejo, podía ver todo: mi espalda curva, mi cabello suelto, su verga desapareciendo en mí.
Y también su cara, que me miraba desde el reflejo, devorándome.
Le sostuve la mirada en el espejo mientras subía y bajaba.
"Qué linda eres, Yaz."
"Dímelo otra vez."
"Eres la mujer más rica que he visto."
La cadera me iba sola, rápido y profundo, con el ritmo del perreo que ya sentía en la sangre.
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