De Compañera Estéril a Reina Pregnante, novela · Capítulo 8 de 24
Capítulo 8: Ailén
Mauro no me preguntó nada esa madrugada.
Me sentó en la cocina y me puso una manta sobre los hombros.
Preparó una infusión de manzanilla y se sentó frente a mí, con los codos sobre la mesa.
Esperó.
Fue el silencio más amable que me han ofrecido nunca.
Hablé al cabo de un largo rato.
"Me llamo Ailén."
Lo dije en voz baja.
Sonó raro.
Era como volver a ponerme un abrigo viejo que ya no me quedaba igual.
"Ailén Cárdenas."
"Ailén", repitió él.
Algo se le suavizó en la cara.
"Te queda mejor que Mara."
"Mara me gusta."
"Podemos tener dos nombres."
Sonreí, a pesar de todo.
Seguí hablando.
Las palabras salían a pedazos, en desorden.
El lago Puelo.
La noche de los dieciocho años.
El aullido de mi loba al ver unos ojos color hielo.
Los ocho años de espera.
La casa de la Luna.
Rosalba, con su mirada fría, tratándome como a una criada.
El médico de la manada, que me dijo, hace cinco años, que mi cuerpo no era apto para engendrar.
Los té que me preparaban cada noche para "limpiar la matriz".
La víspera del rito.
Bautista, besándome en la meseta, bajo las estrellas.
La mañana siguiente.
La piedra.
El rechazo.
Cuando llegué a la parte de Candela, la voz se me quebró.
"Era mi asistente. La quería como a una hermana."
"¿Y él se unió con ella?"
"Hace tres meses. Y ella..." Tragué saliva. "Está esperando un hijo suyo."
Mauro apretó las manos sobre la mesa.
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