Desaparecida en el fuego, novela · Capítulo 7 de 24
Capítulo 7: Nadia
Tres días después, me cortaba el pelo con las tijeras de la cocina de una pensión de Chiloé.
Mechones negros caían sobre el lavaplatos de loza.
Me miré en un espejo manchado.
La mujer del reflejo tenía el pelo a la altura del mentón, ojeras profundas, y una expresión que no reconocí.
Le dije buenos días.
"Buenos días, Nadia."
Nadia Soto.
El apellido de mi mamá.
El nombre que Teresa había elegido, porque era simple y nadie lo asociaría con nada.
Con ese nombre, y un contrato de arriendo hecho a través de un conocido de Teresa, vivía en un cuarto del segundo piso de una casa de tejuelas, en el puerto de Castro.
La dueña, una viuda de setenta años, no preguntaba nada.
Me alquiló el cuarto por quince días con la condición de que pagara por adelantado y no hiciera ruido después de las diez.
El cuarto tenía una cama estrecha, una estufa a leña, una ventana que daba a un palafito pintado de amarillo, y un televisor pequeño con antena.
Lo encendí el viernes.
Las noticias del mediodía.
"...el fallecimiento de la señora Violeta Rebolledo, de treinta y un años, en la explosión de gas ocurrida el sábado en la casa de campo del matrimonio, cerca de Villarrica."
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