El Nombre que Ella Escribió con Sangre, novela · Capítulo 6 de 12
Capítulo 6: Al borde del alba
No contesté la nota.
Ansgar vino él mismo, tres noches después.
Lo supe porque oí el caballo a las cinco de la mañana, cuando faltaba una hora para el alba.
Me asomé.
Estaba en el patio, de pie junto al manzano, sin capa y sin guantes.
Miraba la casa.
No llamó a la puerta.
Se quedó ahí, quieto, con los brazos colgando.
Pensé que dudaba.
Esperé diez minutos.
Quince.
El cielo, al este, empezaba a clarear.
Una franja gris y luego otra rosada.
A los vampiros nos mata el sol.
Ansgar lo sabía mejor que nadie.
Tenía trescientos cuarenta años de vida y los había conservado huyendo de cada amanecer.
Se quedó donde estaba.
La luz subió por el horizonte.
Vi cómo el borde del tejado se teñía de oro.
Vi cómo la sombra del manzano se encogía.
Vi cómo el primer rayo tocaba el suelo, a cuatro metros de los pies de Ansgar.
No se movió.
El rayo avanzó.
Tres metros.
Dos.
"Ansgar", dije desde la ventana.
No me oyó.
O no quiso.
El rayo le alcanzó las botas.
Un humo fino subió de la piel de su mano.
Se estremeció, apretando los dientes.
Seguía mirando la puerta.
Bajé las escaleras de dos en dos.
Abrí.
"¡Entra!"
"No."
"¡Ansgar, entra, te estás quemando!"
"No hasta que me digas que puedo."
"¡Estás loco!"
"Probablemente."
Le salió humo del cuello.
Una ampolla grande le cruzó la mejilla.
Vi el dolor en su cara, y vi que no iba a ceder.
Salí a la luz.
Me dolió al instante, como si me hundieran agujas en la piel.
Lo agarré de la muñeca y tiré con todas mis fuerzas.
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