Esta vez, me elijo a mí., novela · Capítulo 6 de 12
Capítulo 6: Los clientes
Vendí la casa de mi abuela tres días después, a la luz de la mañana, como había pedido Eugenio.
Firmamos en la notaría del pueblo.
Él me pagó el precio justo, sin regatear un peso, y me dejó una llave de repuesto en el escritorio del notario.
"Por si algún día quiere dormir en el cuarto del naranjo", dijo, sin mirarme.
Guardé la llave en el bolsillo del pantalón, junto a un lápiz mocho.
Subí al camión de regreso con un cheque y el corazón raro, como si me hubiera quitado una muela.
Pero seguían faltando tres millones ochocientos mil pesos.
Toña me recibió en la central de autobuses con los brazos abiertos y las malas noticias.
"Perdimos a tres."
"¿Tres qué?"
"Clientes. Los de las dos casas de Coyoacán y la dueña del restaurante de Polanco. Los tres cancelaron esta mañana."
"¿Por qué?"
"Dicen que Bárbara los llamó. Que les explicó que el estudio atraviesa 'un momento de inestabilidad directiva'."
"Inestabilidad directiva."
"Te llamó inestable, mi vida. Con otras palabras."
Me quedé quieta junto a la maleta.
Un taxi pitó dos veces.
"Vamos a verlos", dije.
"¿Ahora?"
"Ahora. En persona."
"Pero..."
"No sé gritar por teléfono."
La dueña del restaurante de Polanco tenía cuarenta años de cocina, un delantal de lunares y una voz de lija.
Nos recibió en la barra vacía del local, con un café en la mano.
"Mira, mi hija. A mí me caes bien. Pero me dijeron que estás mal de la cabeza."
"¿Quién se lo dijo?"
"Una señorita muy elegante, con vestido beige."
"Bárbara Ledezma."
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