Fingí Mi Muerte y Él Perdió la Razón, novela · Capítulo 8 de 12
Capítulo 8: Los mensajes
Aníbal puso un pie en el segundo peldaño.
Aarón se interpuso, con una mano en la escalera.
"Se lo digo en serio, señor Linares. Muerde."
"Solo quiero verla."
"A ella no le gustan los extraños."
"A mí tampoco."
Se miraron.
Yo, en el altillo, tenía el corazón en la garganta y las manos pegadas a la boca.
Entonces sonó el teléfono de Aníbal.
Fue un timbre agudo, ridículo, en medio del silencio.
Lo sacó del bolsillo.
Miró la pantalla.
En la pantalla se leía un nombre.
Estefanía.
Dudó.
Aarón retiró la mano de la escalera.
Aníbal volvió a la mesa, con el teléfono vibrando entre los dedos, y se sentó.
No contestó.
Abrió los mensajes.
Los fue pasando con el pulgar, hacia arriba, hacia atrás en el tiempo.
Lo vi desde mi rendija.
Su cara era una máscara de piedra.
Se detuvo.
Leyó algo.
Volvió a leerlo.
Una vez.
Dos.
"Aarón", dijo en voz baja.
"Dígame."
"¿Puedo leerle una cosa?"
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