De esposa sustituta a la obsesión del CEO, novela · Capítulo 20 de 24
Capítulo 20: La casa de la colina
Tres hombres con cámaras estaban en la entrada de la casa de la colina en Tlaquepaque.
Nunca habían estado allí en ningún otro día de la vida de Lorena.
—Tu madre los llamó —dijo Ignacio en voz baja cuando el auto se detuvo.
—Lo sé.
—¿Quieres dar la vuelta?
—No —dijo ella—. Quiero que mi madre me vea pasar frente a ellos.
La mesa del comedor estaba puesta para cuatro, con la vajilla fina.
Su madre estaba sentada en la cabecera, vestida de seda verde.
Su padre estaba sentado en el otro extremo, con las manos apoyadas sobre el mantel.
Junto al plato de Lorena había una sola hoja de papel.
No necesitaba leerla.
Era la liberación, la que su madre le había prometido en el primer almuerzo.
—Siéntate, mija —dijo su madre con alegría—. Ignacio, tú también. Hoy seremos una familia.
—Llamaste a la prensa —dijo Lorena.
—No llamé a nadie. Esos hombres son invitados de unos vecinos.
—Mamá.
—Firma el papel y todos estaremos muy felices.
Su madre levantó la copa.
—El señor Rangel fue muy amable. Dice que venderán la empresa de Ignacio y que la chica necesitará una familia a la cual volver.
—¿Dijo eso?
—Ha sido amigo nuestro.
Lorena miró a su padre.
Él miraba fijamente el mantel.
—Mamá —dijo—. ¿Quién le dio a Octavio Rangel la fotografía de mi contrato?
La copa de su madre se detuvo a medio camino de su boca.
—La página del periódico no tenía sello. Solo a tu copia le falta.
—Él pidió verla. Prometió que te protegería.
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