De esposa sustituta a la obsesión del CEO, novela · Capítulo 9 de 24
Capítulo 9: Deja de esperar
Lorena no lloró por las cajas.
Se quedó un minuto entero en la puerta de su habitación vacía y contó lo que quedaba.
Había una cama, una lámpara y dos ganchos vacíos.
Luego bajó y encontró a la encargada de la casa en la cocina.
—Necesito al chofer y la camioneta pequeña mañana a las ocho —dijo.
—Señora, la señora Consuelo dijo que todo va a la casa de huéspedes.
—La casa de huéspedes es idea de Consuelo. Estas cosas son mías.
La encargada miró al piso y luego a ella.
—Se lo diré al chofer —dijo.
A las ocho de la mañana siguiente, las tres cajas subieron a la camioneta.
Lorena viajó adelante, con la mesa de dibujo plegada sobre las rodillas.
Era una mesa barata que había comprado con su propio dinero a los diecinueve años, y no había dejado que nadie la moviera en un año.
Pilar la esperaba en la puerta del taller.
Miró las cajas y dijo: —El cuarto de invitados está arriba. La cama está hecha.
—No me voy a mudar aquí.
—Lo sé. Solo digo que la cama está hecha.
Subieron las cajas juntas.
Lorena instaló la mesa de dibujo junto a la ventana, por donde entraba la luz de la mañana entre el aserrín.
Puso los lápices en el vaso y los cuadernos de dibujo en una fila.
Era la primera vez en un año que desempacaba algo.
A las diez fue a un banco en la avenida Vallarta.
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