Huí de mi boda y encendí la aurora, novela · Capítulo 11 de 12
Capítulo 11: La llave
La llave abrió el portón al tercer intento.
Chirrió, atascado de óxido, y dejó pasar un rayo de sol sobre el suelo de cemento del primer galpón.
Era sábado, cuatro días después de la caída de Isaías.
Los obreros esperaban fuera, con palas, escobas, carretillas y termos de café, formados en dos filas como para una procesión.
Eran cuarenta y siete.
Los había llamado Noé uno por uno, durante tres noches, desde la cabina del camión.
Me detuve en el umbral.
Hacía tres años que ninguno de ellos tenía un contrato.
Algunos habían trabajado en construcción, otros vendían en el mercado.
Una mujer había criado a sus tres hijos lavando ropa.
"Pase, niña", dijo la anciana de las trenzas.
"No soy la dueña", dije.
Se hizo un silencio.
"Hoy, legalmente, sí lo soy", continué. "Pero no creo que esto sea mío."
Un murmullo recorrió las filas.
Un hombre canoso, de brazos como troncos, dio un paso adelante.
"Hija de patrón", dijo, con voz ronca. "Todos dicen eso al principio."
Era el capataz del turno de día, un hombre al que mi padre había ayudado a pagar la operación de su esposa.
Llevaba tres años sin hablar con ninguno de nosotros.
"Los patrones prometen", añadió. "Después, venden."
"Lo sé."
"¿Entonces por qué debo creerle?"
Respiré hondo.
Saqué del bolsillo una hoja doblada, firmada por el notario de Arequipa esa misma mañana.
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