La Desconocida que Me Encendió en el Show, novela · Capítulo 11 de 12
Capítulo 11: Con las luces encendidas
A la una y media de la madrugada, el auditorio estaba vacío otra vez.
Pero las luces de la sala seguían encendidas, todas, blancas, brutales, como en la primera noche cuando todo se acabó.
Yo había apagado la consola, guardado los cables y colgado los audífonos.
Citlali me esperaba al pie del escenario, sentada en el borde, con las piernas colgando y los zapatos en la mano.
Todavía llevaba la falda de colegiala, las calcetas y la chaqueta de lentejuelas.
Había confeti pegado a sus rodillas.
Los vasos de plástico y las servilletas cubrían la pista como nieve sucia.
"Todos se fueron", dijo.
"Todos."
"Fátima se llevó a la banda a celebrar. Me dijo que no regresara hasta el domingo."
Me acerqué hasta quedar de pie frente a ella, entre sus rodillas.
El filo del escenario le quedaba a la altura de la cadera, y mis ojos justo a la altura de su pecho.
"Esta vez tienes permiso para mirar", dijo.
"Llevo semanas mirándote."
"No así."
Se quitó la chaqueta.
Se desabrochó la blusa, botón por botón, bajo la luz blanca que no perdonaba nada.
Se quitó el sostén.
Me enseñó los pechos pequeños, los pezones oscuros, la piel erizada.
"Mírame", pidió. "Con todas las luces."
La miré.
Y ella me miró a mí, sin escudarse, sin esconderse detrás de una falda ni de un antifaz ni de una oscuridad.
Le acaricié las rodillas, los muslos, y le subí la falda tableada hasta la cintura.
No llevaba nada debajo.
Se rio, avergonzada, y se tapó la cara un segundo.
"Perdón", dijo. "Es que..."
"Yo también estoy nervioso."
"¿Tú?"
"Es la primera vez que te veo así."
Se destapó la cara, sonriendo.
La besé en la boca, en el cuello, en el pecho.
Me arrodillé en el piso de madera y le abrí las piernas.
El resto de este capítulo forma parte de la parte de pago de la serie. Los capítulos 1 a 4 de La Desconocida que Me Encendió en el Show son gratis: empieza desde el principio y desbloquea el resto con monedas en la app.