La esposa olvidada por el Mafioso: embarazada y abandonada., novela · Capítulo 6 de 12
Capítulo 6: Camino al río
Me ataron las muñecas con una brida de plástico, delante del cuerpo.
Me quitaron el teléfono.
Me tiraron en el piso de la camioneta, entre dos asientos, y uno de los encapuchados se sentó encima de mis rodillas.
Olía a gasolina y a tabaco.
La camioneta tomó una carretera de curvas.
Sentía las llantas girar y los baches subirme por la espalda.
Con una mano me cubrí el vientre.
Esa fue mi única preocupación.
Mi hijo.
Doce semanas.
Pensé en el latido en la pantalla.
Pensé en doña Lourdes, en su escopeta, en la tarjeta blanca que había dejado caer entre las naranjas, y no tuve tiempo de pensar nada más.
"¿Cuánto falta?", preguntó uno.
"Una hora. El río."
"El jefe dijo que sin ruido."
"Cállate."
Hablaban poco.
Hablaban con acento de la costa.
Yo respiré hondo.
Soy enfermera.
Me habían enseñado qué hacer cuando un cuerpo entra en pánico.
Respirar por la nariz.
Contar hasta cuatro.
Mirar un solo punto.
Esperé a que la camioneta tomara una curva cerrada.
Entonces me retorcí de lado, grité y me llevé las manos atadas al vientre.
"¡Ay! ¡Mi bebé!"
El hombre que me custodiaba se agachó.
"¿Qué pasa?"
"¡Me estoy desangrando! ¡Ay, me duele!"
"¡Cállate!"
"¡Me muero! ¡Me estoy muriendo, por Dios!"
Hubo un instante de duda.
El conductor miró por el retrovisor.
"Para", dijo el que estaba atrás. "Si se muere, el patrón nos mata."
La camioneta frenó en seco.
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