La Traición De Mi Esposo Bajo Mi Bisturí, novela · Capítulo 8 de 12
Capítulo 8: Cuando despierta
"Qué reunión tan bonita", repitió Cipriano Salvi.
Nadie dijo nada.
Los hombres de ambos clanes se miraron, las manos cerca de las chaquetas.
Podía sentir el aire espesándose, como antes de una tormenta.
Entonces vi los zapatos de una enfermera.
Estaba parada detrás de mí, pequeña y asustada, con una bandeja de instrumentos.
Detrás de ella, otro enfermero.
Una residente.
Un camillero.
Siete u ocho personas de uniforme verde habían salido de las salas.
Formaban una fila silenciosa en el pasillo, entre los Ferraresi y los Salvi.
Nadie las había llamado.
"Señor Salvi", dije, y mi voz salió más fuerte de lo que esperaba. "Esto es un hospital."
"Lo sé, doctora."
"Entonces conoce la regla."
"¿Qué regla?"
"La que acabo de inventar."
Alguien rió en el fondo, nervioso, y se calló.
"En este edificio, mientras yo opere en él, nadie saca un arma."
"Ni los Ferraresi ni los Salvi."
"Si alguien la saca, no vuelve a entrar por la puerta de urgencias."
"Ni él, ni su gente, ni sus hijos." Le sostuve la mirada.
"Y si llega herido, lo opero igual."
"Pero entra por la puerta de atrás, esposado a una camilla."
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