Me fui… y todos enloquecieron, novela · Capítulo 12 de 12
Capítulo 12: Casa
Lo último que dijo el sistema fue un mensaje largo.
Lo leí con los ojos cerrados, mientras la luz nos arrastraba por un túnel que no tenía arriba ni abajo.
[Registro final del mundo de origen: El príncipe Severino ordenó cerrar el Palacio del Ocaso y pasó el resto de su vida sentado ante su portón, con un trozo de seda blanca en las manos, preguntando a cada mujer que pasaba cómo se llamaba.]
[El general Valerio entregó su espada al Emperador y se retiró a un monasterio del norte, donde cavó un jardín que nadie vio florecer.]
[El canciller Anselmo escribió, durante veinte años, una carta diaria a una dirección que no existía.]
[Fin de la misión. Gracias por su servicio, anfitriona.]
Y después, por primera vez en veintiún años, silencio.
Un silencio limpio, como el de una casa vacía por la mañana.
Abrí los ojos.
Estábamos de pie en una cocina pequeña, con azulejos amarillos, una estufa de cuatro quemadores y un mantel de plástico a cuadros.
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