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Me Torturó por Su Hermana, novela · Capítulo 4 de 12

Capítulo 4: La desesperación

Estuve encerrada dos días.

El departamento de Samborondón tiene doscientos metros cuadrados, ventanales de piso a techo y un balcón que da al río, pero esa mañana descubrí que todas las ventanas abrían solo diez centímetros y que el balcón tenía candado.

Marlon lo había mandado instalar el año anterior, "por seguridad".

Revisé el teléfono fijo.

Estaba desconectado.

Mi celular no estaba en la mesa de noche, ni en el bolso.

Mi bolso tampoco.

Lo primero que hice fue sentarme a pensar.

Lo segundo, comer un plato de arroz frío de la nevera, porque llevaba un hijo adentro.

Lo tercero, tocar la pulsera.

Era de plata, fina, con un dije pequeño en forma de corazón, que Cintia me había regalado hacía diez días con un abrazo largo.

"Para que no te olvides de mí", había dicho.

Yo la había mirado raro.

"Es muy bonita."

"Tiene un botón detrás del dije. Si lo mantienes apretado cinco segundos, me llega la alerta a mí y a la policía. No preguntes. Solo úsala si hace falta."

Yo no pregunté.

Pero esa mañana, sentada en el piso de la sala, con el sol entrando por la ventana, toqué el dije y supe por qué Cintia me lo había dado.

No lo apreté.

Todavía no.

Marlon volvió a las ocho de la noche del segundo día.

Entró con una bolsa de supermercado y una bolsa de farmacia, y se quitó el saco con la misma calma de siempre.

Me miró de arriba abajo.

Yo estaba sentada en el sofá, con las rodillas contra el pecho.

"¿Comiste?"

"Sí."

"¿Tomaste agua?"

"Sí."

"Bien."

Dejó las bolsas en la cocina.

Volvió con un vaso de leche tibia y me lo tendió.

"Tómalo. Es bueno para el bebé."

Lo tomé.

Estaba dulce, con canela.

"Marlon."

"Dime."

"Abre la puerta."

"No."

"Estoy embarazada."

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