Mi Nueva Medicina Grande Y Dura, novela · Capítulo 12 de 12
Capítulo 12: Que se escuche
Un año después, volvimos a las termas de San Isidro, y esta vez no cerraron el camino.
Gael insistió en reservar la misma cabaña, la última del sendero, la que tenía la pared delgada que daba a la de Brenda.
"Es una cuestión de simetría", dijo.
"Es una cuestión de que eres un pervertido."
"También."
Brenda, de hecho, había venido con nosotros.
Se había quedado en la cabaña de al lado, con el organizador del paseo, un hombre alto y tímido con quien llevaba tres meses saliendo y que, según ella, tenía "una paciencia de santo y una lengua de ángel".
Se lo contó a todo el comedor con micrófono incluido.
Esa tarde caminamos por el sendero de helechos, de la mano, hasta la alberca de piedra negra.
El encargado nos abrió la verja sin preguntar y se llevó el billete de cien pesos con una reverencia.
Nos quedamos un rato en el agua caliente, mirando el valle.
"Mi doctora me preguntó la semana pasada cuál era mi tratamiento", dije.
"¿Y qué le dijiste?"
"Que ya no uso pastillas."
"Eso ya lo sabe."
"Le dije que mi tratamiento era grande, duro y de lunes a domingo."
Gael soltó una carcajada tan fuerte que espantó a los pájaros.
"No le dijiste eso."
"Casi. Dije que había encontrado una medicina nueva. Y se puso roja."
"Mi nueva medicina grande y dura."
"No lo repitas."
"Me encanta."
Me besó en la sien, en la mejilla, en la boca.
El mes anterior, la fiebre había vuelto, como cada año, y se había quedado cinco días.
Cinco días con Gael en la cama, con la puerta cerrada y el teléfono apagado, sin culpa, sin miedo y sin una sola pastilla.
El resto de este capítulo forma parte de la parte de pago de la serie. Los capítulos 1 a 4 de Mi Nueva Medicina Grande Y Dura son gratis: empieza desde el principio y desbloquea el resto con monedas en la app.