Montando A La Vieja, novela · Capítulo 8 de 12
Capítulo 8: La partida
La cantina El Cuervo olía a cerveza vieja, a puro y a sudor de caballo.
Tenía una barra larga de madera oscura y cuatro mesas de pino.
Al fondo, bajo una lámpara de aceite, una mesa redonda esperaba cubierta con un paño verde.
Eran las nueve de la noche del sábado.
Doña Remedios se había quedado en el rancho con la excusa de una jaqueca.
Yo llegué con Marisol, en una camioneta prestada, y con ciento sesenta mil pesos en un sobre dentro de la camisa.
Gerardo ya estaba allí.
Estaba en la barra, con un vaso de mezcal y una mujer rubia pegada al brazo.
Marisol la reconoció en el acto.
Se le pusieron los hombros tensos.
"Esa es la cantinera", susurró.
"Tranquila."
"Estoy tranquila."
No lo estaba.
Pero tampoco se movió.
Don Cayetano ocupaba la silla del centro de la mesa redonda, con el sombrero negro, los anillos y una baraja nueva sobre el paño.
Cuando me vio entrar, sonrió.
"Valdivia. Qué sorpresa."
"Vengo por el lugar de Gerardo."
"Gerardo está ocupado."
"Gerardo está borracho. Y me pidió que lo supliera." Mentí con la mejor cara que tenía. "Dice que me tiene confianza."
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