Nadando En Las Medias De Mi Ahijada, novela · Capítulo 8 de 12
Capítulo 8: Última noche
"No voy a mentirte", dije.
Fidencio no soltó mi brazo.
"Entonces dime la verdad."
"Te la voy a decir. Pero el sábado. En el club, cuando estén todos, y yo pueda mirarte a la cara y a ella al lado."
Me estudió con los ojos entrecerrados, el bigote quieto, la mano apretada.
Eran los mismos ojos del hombre que me había dado trabajo cuando yo tenía quince años y nada en los bolsillos.
"Eso es un sí", dijo.
"Es un sábado."
"Marcos."
"Fidencio, por la memoria de tu esposa, dame hasta el sábado."
Soltó mi brazo despacio.
Se acomodó el saco, caminó hacia la puerta, y se detuvo con la mano en el picaporte, sin mirarme.
"Nunca me has pedido nada en veintiséis años", dijo. "Hasta el sábado."
Salió.
Escuché sus pasos bajar la escalera, uno a uno, muy lentos.
Esa noche no dormí.
Al día siguiente, viernes, no vi a Zaira.
Su padre la mantuvo encerrada en la casa de Chapalita, probándose vestidos con una modista.
Me llegó un mensaje a las once de la noche, desde un número nuevo.
"Salí por la ventana del baño. Abre."
Bajé corriendo.
Estaba en el portal, con un abrigo largo sobre la ropa de casa, descalza, con los zapatos en la mano.
La subí a mi departamento sin una palabra.
En cuanto cerré la puerta, se quitó el abrigo.
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