Reencuentro Destinado, novela · Capítulo 9 de 16
Capítulo 9: El mensajero
Bajamos al río entre dos filas de lobos.
Los de Roca Negra habían salido de sus casas en cuanto vieron las antorchas del otro lado.
Hombres y mujeres, con camisas de lana, picos y lanzas, se alineaban en la ribera con los ojos clavados en el agua.
Doña Brígida, con su cayado, ocupaba el centro.
"Atrás", ordenó Jacinto, con voz firme. "Nadie levanta un arma sin que yo lo diga."
Se hizo un silencio incómodo.
Del otro lado, la gente de Abeto Plateado se mantenía a veinte metros de la orilla, con los hombros tensos y las caras serias.
Delante de todos, solo, con las manos vacías, estaba Adán.
Llevaba la misma chaqueta de cuero, arrugada, y una barba de dos días que no le quedaba bien.
Tenía los ojos hinchados.
No había dormido.
Me miró a lo lejos, y dio un paso hacia el agua.
Jacinto se puso delante de mí.
"Si cruza armado, lo tiro al río."
"No trae armas."
"Eso parece."
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