Su corazón de vampiro nunca latió por mí, novela · Capítulo 5 de 12
Capítulo 5: La hermana
"Hermana", dijo Luciana, y alzó el paraguas para cubrirme. "Estás empapada."
"No me toques."
"Qué dramática."
"¿Qué haces aquí?"
"Esperarte."
"¿Quién te avisó?"
"Nadie. Lo supe."
Sonrió con los labios rojos y los ojos fríos.
Llevaba un abrigo color crema, botas de cuero y el pelo recogido en un moño bajo.
Se veía perfecta.
Como siempre.
"Sabía que un día lo encontrarías", dijo. "Mi madre me lo repetía. 'Esa tonta va a abrir la puerta equivocada.' Y mira, aquí estás."
"No tengo nada que hablar contigo."
"Yo sí."
"Luciana, por favor."
"Camina conmigo."
"No."
"Entonces te lo digo aquí, parada en la lluvia. Como tú quieras."
Me quedé quieta.
El agua me chorreaba por la cara.
Estaba harta de huir de ella.
"Habla", dije.
Luciana cerró el paraguas y lo dejó caer al suelo.
La lluvia le mojó el pelo, el abrigo, los hombros.
No le importó.
"Reinaldo no me gustaba", dijo.
Parpadeé.
"¿Qué?"
"Nada. Vanidoso, tonto, con aliento a menta. Pero me servía."
"¿Para qué?"
"Para que tú lo tuvieras." Se encogió de hombros. "Era tuyo. Siempre me gustó lo tuyo."
"Yo te quería como a una hermana."
"Yo sé."
"Te di ropa. Te presté dinero. Te di el asiento a mi lado en la mesa de mi padre."
"Y yo lo agradecí." Sonrió. "Cada vez que me lo dabas, pensaba cuánto te iba a costar."
Me quedé mirándola.
Nunca había visto esa sonrisa.
Había estado siempre debajo de las otras.
"El altar fue idea mía", dijo con naturalidad.
"Quería que lo vieras. Reinaldo dudaba."
"Le dije que estarías en la catedral a las seis, porque te gusta llegar temprano."
"Lo planeaste."
"Un poquito."
"¿Y el príncipe?"
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