¡Suegrito! Me atoré en la lavadora, novela · Capítulo 8 de 12
Capítulo 8: La noche
A las doce de la noche, la casa estaba a oscuras.
Desde mi cuarto oí los ronquidos de Wilmer al otro lado del pasillo, secos y regulares.
Dormía en la habitación de visitas, a seis pasos de la puerta de Hipólito.
Me levanté en camisón, descalza, sin encender la luz.
Pisé el piso de madera con cuidado, siguiendo la raya de las tablas que no crujían.
Había aprendido el mapa de memoria en dos años de noches en vela.
Abrí la puerta de Hipólito sin hacer ruido.
El cuarto olía a cedro y a hombre limpio.
Él estaba sentado en el borde de la cama, vestido, con las manos entre las rodillas.
Me esperaba.
Cerré la puerta con mucho cuidado.
Giré el pestillo, y el clic me pareció un cañonazo.
"Ven", susurró.
Fui.
Me paré delante de él, y me abrazó por la cintura, con la cara hundida en mi vientre.
Sentí su aliento caliente a través de la tela.
"Cállate", dije. "Si hablamos, se despierta."
"Y si te toco, ¿te callas?"
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