Huye del alfa cruel, novela · Capítulo 9 de 16
Capítulo 9: El manantial de la Luna
Alguien en la mesa de los Garra de Hierro soltó una risita.
Luego, alguien más.
—Enana —dijo un guerrero, sin molestarse en bajar la voz.
Reconocí su voz. Jace. Una vez le había curado el brazo después de una cacería.
Ahora se reía con los demás.
Era como volver al campo de entrenamiento.
Mi pequeña loba negra. Toda la manada señalándome.
Dominic, junto a la baranda, riéndose más fuerte que todos.
Ahora no se reía.
Miraba el vientre de Celia.
Rhett se puso a mi lado.
No les dijo ni una palabra a los de la mesa de los Garra de Hierro.
Se limitó a mirar a Jace hasta que este dejó de reírse.
Luego me puso la mano en la parte baja de la espalda.
—Ya terminamos aquí —dijo.
Cruzamos el césped de regreso.
Nadie aplaudió.
Logré llegar hasta la camioneta de Rhett antes de que me fallaran las piernas.
Me senté en el estribo y agaché la cabeza entre las rodillas.
Rhett se agachó frente a mí.
No me dijo que todo iba a estar bien.
No me dijo nada.
Esperó.
—Tiene razón —dije con la cara entre las rodillas—. El sábado me pondré ahí y Sable no dirá ni una palabra. Y me subiré a su auto y me iré al norte.
—No lo harás.
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