Las pusieron a competir; nosotras nos elegimos, novela · Capítulo 1 de 24
Capítulo 1: Dos vestidos equivocados
Mi madre biológica intentó sujetar con un alfiler una banda de concurso de belleza a mi chaqueta de senderismo.
—Taparemos la parte embarrada —dijo Caroline.
La parte embarrada cubría casi toda una manga.
Me habían prometido un paseo por el jardín.
Caroline me había escrito que me vistiera cómoda.
Al otro lado del pequeño escenario, una mujer rubia llevaba un esmoquin negro.
Miró mis botas y luego la banda.
—¿Vas a actuar? —me preguntó.
—Al parecer —dije.
Caroline se volvió hacia ella.
—Audrey, querida, ¿dónde está el vestido?
—Dijiste que era de etiqueta —respondió Audrey.
Levantó las puntas de su corbatín.
—Encontré las dos partes.
Una fila de invitados estaba sentada frente al escenario.
Mi padre biológico esperaba junto a una mesa que sostenía una campanilla plateada.
Una mujer de cabello blanco ocupaba un sillón grande con un cojín de terciopelo.
Una segunda banda descansaba sobre sus rodillas.
Decía MÁS PROMETEDORA.
Parecía lo bastante mayor como para haber cumplido ya varias promesas.
Caroline sacó el alfiler de mi chaqueta.
Un pedacito de barro seco cayó sobre su zapato.
Lo miró sin moverse.
Audrey sacó un pañuelo del bolsillo de su chaqueta.
Con él salió una llave de latón con una etiqueta de papel de una agencia de alquileres.
Volvió a meter la llave en el bolsillo sin mirarla.
—Para el zapato —explicó, ofreciéndole el pañuelo.
Caroline lo tomó y limpió primero el pie equivocado.
Mi padre biológico hizo sonar la campanilla.
—Bienvenidos —les dijo a los invitados.
Me presentó como May Harper, la hija que habían vuelto a encontrar.
Luego presentó a Audrey como la hija que les había hecho compañía.
Audrey mantuvo una expresión amable.
Quería irme del escenario antes de que él explicara más esa diferencia.
—Una pequeña competencia amistosa —continuó.
—Tres rondas para descubrir quién es nuestra joven más talentosa.
Hizo un gesto hacia el único sillón de terciopelo.
La mujer de cabello blanco siguió sentada en él.
—Necesitaré ayuda para levantarme —le dijo.
Él dejó la campanilla y la ayudó a ponerse de pie.
Caroline aplaudió antes de que a alguien más se le ocurriera hacerlo.
La mujer se llevó la segunda banda.
—Esa es mía —dijo cuando Caroline intentó tomarla.
Mi padre biológico sonrió hacia el público.
—Mi madre, Edith —explicó.
Se colocó la banda de MÁS PROMETEDORA sobre los hombros.
Un hombre de la segunda fila empezó a aplaudir.
Edith le dedicó un gesto de aprobación.
Audrey se inclinó hacia mí.
—Yo votaría por ella —susurró.
Me reí sin poder evitarlo.
Caroline nos lanzó a ambas una sonrisa de advertencia.
—Primero —anunció—, la presentación.
Hizo un gesto hacia el pequeño espejo junto al escenario.
Audrey miró su reflejo.
Luego miró mis botas reflejadas debajo de sus zapatos impecables.
—Ya nos presentamos —dijo.
—Eso veo —respondió Caroline.
Mi padre volvió a tomar la campanilla.
—Victor —le dijo Caroline—, déjame terminar.
Él la dejó sin hacerla sonar.
Caroline se volvió hacia mí.
—Tal vez quieras cambiarte —dijo.
—Quiero saber por qué estamos compitiendo —respondí.
Los invitados se movieron inquietos en sus sillas.
Audrey miró directamente a Caroline.
—Yo también —dijo.
Caroline miró hacia el público.
—Todos estaban deseando conocerlas juntas.
—Pueden hacerlo —dije.
Me acerqué a Audrey en vez de ir hacia el espejo.
Ella también se movió, dejando el sillón de terciopelo vacío entre nosotras y nuestros padres.
Me daba miedo que negarme hiciera que ya no me quisieran allí.
Me enojaba más que para darme la bienvenida hiciera falta un vestido mejor.
—No voy a elegir cuál de las dos merece estar aquí —dije.
Audrey tomó su propia banda, que seguía sin alfiler, de la mesa.
La puso sobre el cojín de terciopelo del sillón.
—Yo tampoco —dijo.
Victor levantó la campanilla con un gesto de impotencia.
Edith extendió la mano para que se la diera.
Él se la entregó.
Ella la hizo sonar con entusiasmo.
—Té —anunció.
Algunos invitados se levantaron de inmediato.
Los demás los siguieron porque era más fácil ir por algo de tomar que tomar partido.
Caroline esperó hasta que los invitados más cercanos se dirigieron a las puertas.
Entonces se volvió hacia Audrey.
—Solo acepté porque May quería —dijo.
Miré a mi madre biológica.
—Me dijiste que Audrey había pedido un concurso —respondí.
Audrey se desató el corbatín.
Miró a Caroline por encima de las puntas negras que le colgaban sueltas.
—Ahora me gustaría ver el jardín —dijo.
Luego me tomó de la mano y se fue conmigo del escenario.