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Esta vez acepto la reclamación de tu hermano, novela · Capítulo 6 de 32

Capítulo 6: Cuñado

—Tu hermano —dije.

Se me escapó antes de que pudiera detenerme.

El rostro de Auden se quedó inexpresivo.

—¿Piers?

—Sí.

—¿Cuándo? ¿Anoche? ¿Vino a la villa?

Algo dorado centelleó en sus ojos verdes.

Su lobo, que se asomaba para mirar.

—No anoche —dije—. Y tampoco en esta vida.

Frunció el ceño.

—No sé qué significa eso.

Me limpié la cara con la base de la mano.

Podría haberle mentido. Le había mentido a todo el mundo desde que desperté en aquel sofá.

Pero era él.

Era él, agachado sobre la grava, con las manos en las rodillas, esperando.

—Siéntate —dije—. No me vas a creer, y necesito que te sientes mientras no me crees.

Se sentó en el muro junto a mí.

Se lo conté.

Me tomó hasta que el té se enfrió.

No me interrumpió ni una sola vez.

No le hablé del hombre tras los barrotes.

Todavía no.

Cuando terminé, se quedó callado durante un largo rato.

—Está bien —dijo.

—¿Está bien?

—Está bien, creo que tuviste una pesadilla espantosa. O una visión de la Luna. A mi abuela le pasaba.

Lo dijo con suavidad.

—No fue un sueño.

—Elspeth, tienes veintidós años. Nunca te has casado.

—Estuve casada durante cincuenta años. Morí a los setenta y dos.

Se frotó la cara.

—Mira. Te creo que tú lo crees.

—Le escribes a tu madre.

Se le quedaron quietas las manos.

—Todos los años, para su cumpleaños —dije—. Te quedas despierto la noche anterior y le escribes una carta.

Páginas enteras. Le cuentas sobre tus pacientes, tus hermanos y la moto.

Había palidecido bajo el bronceado.

—Luego bajas al viejo muelle al amanecer y la quemas a la orilla del agua.

—Empujas las cenizas al lago con la mano.

—Basta.

—Empezaste el año en que murió. Tenías siete años.

—Nadie sabe eso.

—Nunca se lo has contado a nadie.

—Entonces, ¿cómo...?

La voz se le quebró al decirlo.

—Me lo contaste —dije—. Cuando tenías cincuenta y uno. La noche después de mi segunda pócima.

Me miró fijamente.

—Te sentaste en el suelo, afuera de mi puerta, toda la noche, porque no te permitían entrar. Me hablaste a través de la madera para que no estuviera sola.

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